Serie: Mensajes Semanales, Nº 57.
En el mar de los sufrimientos, la humanidad se verá libre de los grilletes de las ilusiones que la sujetan.
Se le verá deshacer los lazos de le ligan a la materia.
Encontrarán nuevamente la Hermandad Cósmica cuando reestablezcan la solidaridad entre los hombres traída por el dolor.
La armonía reinará entre ustedes cuando la coraza de la indiferencia se derrumbe. La tristeza de los desastres traerá a la humanidad la reflexión indispensable para el retorno al Padre.
No teman el instante postrero! Al contrario, clamen por la transformación, la cual no podrá ocurrir sin el sufrimiento ya iniciado.
No teman, mis niños! Tengan fe en sus espíritus y, embebidos de solidaridad y buena voluntad, aplaquen los dolores de sus semejantes.
Paz en Jesús.
Queridos hermanos, se aproxima la hora en que todos nosotros seremos probados en el amor que conseguimos desenvolver durante esos milenios.
Duras serán nuestras pruebas. Cuanto mayor la sensibilidad del corazón puro y generoso, mayor también será el sufrimiento.
Si pudiéran contemplar la pureza del Amor que emana para nosotros, verían entonces la ingenuidad de este modo de pensar.
Nosotros seremos la prueba concreta de la presencia del Amor Divino entre los hombres, para destilar palabras de esperanza y buen ánimo.
Nosotros seremos, con la gracia del Buen Dios, quienes sustentaremos a los caídos y socorreremos heridos.
Nosotros seremos, si Dios así lo permite en Su Infinita Bondad, quienes recorreremos caminos, donde tantos sucumben, recogiendo los restos de aquellos a quienes amamos.
Hermanos, nada de eso será motivo para nuestra caída, nada de eso se ha de convertir en razón para nuestra rebeldía.
Cuando en lo íntimo de nuestro ser la tristeza aflija el alma y el grito de horror ahogue nuestras gargantas, que sus voces de gratitud sean súplicas de valor para seguir al frente.
Todos llegaremos al lugar tan deseado, la casa del Padre, y con El vaciaremos el dulce cáliz de la victoria sobre las tinieblas y, al fin, estaremos libres para seguir.
Paz en Jesús.
Que el Padre nos bendiga e ilumine nuestra dura jornada.
Un trabajador de la última hora,
Queridos hermanos!
Muy buenas noches!
No olviden que no todas las noches serán tan calmadas, tranquilas y serenas como ésta; habrá gritos, dolores y rechinar de dientes.
Cuando eso acontezca, que sus mentes puedan reportarse a esta Casa, en momentos como este, donde reina la paz y donde los dolores son reconfortados.
Que sus mentes puedan de esa remembranza extraer el antídoto para la locura y ablandar el sufrimiento de otros corazones, pues aún habrá muchos, a pesar de todos nuestros esfuerzos, sin la comprensión de lo que pasa con la Tierra.
Sean cada uno de ustedes mensajeros de la Luz para esparcir el dulce perfume de la buena nueva de la redención de toda la humanidad.
Sean todos ustedes los ángeles guardianes de sus almas, carentes y sufrientes, que les golpearán la puerta sedientas de Luz, de Amor y de Perdón.
Preparen sus corazones para las árduas tareas que les esperan desde este momento, para entrenamiento del desapego a los bienes materiales y de los valores superficiales, cultivando tan sólo las flores perfumadas del jardín del Maestro Jesús y explicando a todos que El, el Eterno Jardinero, es aquel que les conforta, alimenta y fortalece, regando de Luz su pequeño jardín.
Dejen a quien quiera arrancarles las bellas flores; otras más ahí brotarán, pues a su toque donde había una, decenas surgirán.
Confíen y prepárense como mensajeros de esa Luz que todo ilumina y que a todos nos conduce.
Paz!
A ustedes fue confiado valeroso tesoro.
Acuérdense de las palabras del Maestro: "Vendré como el ladrón".
Nadie lo esperará.
Ya ustedes indagaron si están preparados para la gran hora.
Observen el mundo a su alrededor; el caos aumenta en todos los rincones.
Sucumben los valores y los principios cristianos.
Solamente la voluntad egoísta del hombre tiene lugar.
Como una gran tormenta sin fin, todas las bellezas superiores son aplastadas, sean naturales, morales o espirituales.
Su Maestro les alertó sobre las señales.
Permanezcan con los corazones abiertos y las mentes en alerta para conseguir percibir todos los enigmas y decifrarlos.
Son apaciguadores de fronteras, pero para eso es preciso valor y fe.
No basta proclamar a los cuatro vientos los mensajes que les han sido confiados. Es preciso creer verdaderamente en su contenido y gravarlos definitivamente en su íntimo ser, viviéndolos. No solamente por sus palabras convencerán a sus hermanos, sino principalmente por sus actitudes.
Proclamar al Cristo es practicar sus palabras y entregarse a sus enseñanzas.
Los dolores se multiplican, pero la redención se aproxima.
Abran sus corazones e implanten la fe de una vez por todas en sus vidas.
Practiquen la caridad en su más alta expresión, donándose sin medidas o restricciones.
Dónense sin esperar recibir.
Ofrézcanse sin querer gratitud alguna.
Desapéguense de todo cuanto les sujeta a la Tierra.
Evolucionen, para que puedan levantar a sus hermanos.
Sigan el rumbo trazado por su Maestro.
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