La muerte infunde horror en las criaturas, sin embargo, no valoran la vida.
Un cuerpo físico perfecto exige una mayor cuota de responsabilidad para el espíritu encarnado, pues en su propio libre albedrío mal dirigido, encontrará el impedimento para el progreso.
En cualquier situación en la que se encuentre el ser humano encarnado, el respeto a la vida y a su cuerpo físico que es el santuario del espíritu, debe de estar presente.
Las explosiones de violencia de los "tiempos finales", muchas veces interrumpen una vida humana prematuramente. La mayoría de las veces existe un determinismo kármico que está siendo cumplido. Pero la interrupción de la vida por las propias acciones insensatas es un suicidio y supone una mayor cuota a deber para con la Ley Divina.
El valor por la vida debe ser inculcado desde la cuna, impulsando a la criatura a comprender que vivir es una necesidad evolutiva.
La vida es nuestro bien más preciado en todos los planos de vida, pues en el plano invisible, cuando el espíritu se deja dominar por perversas criaturas que lo someten a experiencias dañinas para su constitución espiritual, por rebeldía ante las Leyes de Dios, también comete una infravaloración de la vida, creada para evolucionar en todos los planos de vida.
Que la vida esté plena de satisfacciones superiores, garantizando la perpetuación de la luz.
Que Jesús nos bendiga.
Joana de Ângelis
GESH - 16/08/2008 - Vitória, ES - Brasil