Aterrrorizada por la consciencia culpada, la criatura se reconoce como un rebelde de las Leyes Divinas, y busca desesperadamente el recurso que le salve y le alivie de las llamas devoradoras del remordimiento.
Encaminado hacia la carne (reencarnación), en el olvido bendito, con muchos votos de renovación, el espíritu oprimido por la carga dolorosa que corroe su interior, renace, olvida y se renueva.
Así llega a puerto, victoriosa tras las dolorosas luchas en la carnes; pero, si en el olvido se deja dominar por los mismos instintos que provocaron la dolorosa llaga de su alma, regresa a los planos eternos en peor situación de la que estaba, con el espíritu mutilado y la consciencia obtusa, retrasando durante muchas etapas, la victoria del espíritu.
Las llagas del cuerpo físico deben ser soportadas con loor y gloria, para la victoriosa redención del alma. Sufrir resignadamente y amando la vida, entregándose por amor a la causa de los afligidos, sin olvidarse de alabar a Dios y practicar las Lecciones de Jesús.
Bezerra de Menezes
GESJ - 07/01/2009 - Vitória, ES - Brasil