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Aprended con aquellos que despertaron antes

20/03/2009

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Hermanos:

Habiendo un amplio campo por sembrar, un viejo agricultor llamó a su hijo y le ordenó que abasteciese las alforjas de semillas en el granero para esparcirlas en la tierra.

El novato y joven trabajador cumplió la orden. Displicente y sin mucho cuidado, se abasteció de las semillas almacenadas y salió a sembrar, de manos llenas, lanzando sobre la tierra arada, aquí y allá, hasta llegar al otro extremo del campo, cumpliendo la larga tarea.

Después de un tiempo, el viejo agricultor ordena a su hijo que salga al campo y recolecte lo que había sembrado; este regresa al campo para recoger las fresas entre los espinos.

Se araña y se hace daño, pero no se queja, porque sabe que de entre las semillas que usó, pocas fueron escogidas, las esparció displicentemente, lanzando a la tierra aquello que caía en su mano. Recogió pocos frutos, se magulló bastante, pero aprendió la lección.

Hermanos amados, todos vosotros estáis en las mismas condiciones que el joven agricultor, que regresando al campo sembrado con la tarea de recoger los frutos de la fresa, se depara con la existencia y la dureza de las espinas que sembró.

¡Reflexionad, todos vosotros, con esta lección! Que el Padre Excelso, Todo Bondad y Todo Justicia, os envía por muchas manos y muchas voces. Aprended con aquellos que han despertado antes, para sembrar fresas dulces y sabrosas.

Que el Padre desde lo Más Alto nos bendiga.

Jesús Sananda

GESH - 13/12/2008 - Vitória, ES - Brasil




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