Hijas amadas, que la paz esté con vosotras.
Jesús nació en la Tierra, iluminando el Orbe con Su Presencia, dejando a la humanidad el mayor ejemplo de sacrificio y renuncia, amor y perdón, que traduce Su Evangelio.
Su Presencia quedó eternizada en los registros de esta humanidad, y la Cruz es la marca que traduce Su dolor.
Pasaron los años, y el tiempo aceleradamente eternizó Su Presencia de Luz.
Una vez más en la Tierra, desde los corazones sinceros y sintonizados con Su Luz, se escuchan loores y glorias saludándolo. No obstante, en los corazones de esta humanidad de "tiempos finales", Su Presencia se ha convertido en una ficción, y Su sacrificio en una suposición.
El esplendor de Su Presencia ha quedado sustituido por las luces de las fiestas; el Fausto de la celebración desfigura Su recuerdo.
Pies descalzos, túnica rasgada y polvorienta, mirada limpia; Él recorrió las callejuelas polvorientas de las ciudades anunciando el Reino del Padre, y añadía: mi Reino no es de este Mundo.
Hermanos, levantad el altar de la sencillez para Saludarle, pues en el Fausto y en las luces no Le encontraréis.
Salve Jesús, nuestro guía y Maestro.
Shama Hare
GESH - 10/12/2010 - Vitória, ES - Brasil