Videncia: Vi un bando de hombres, con aspecto de gorilas, huyendo de nuestra presencia. Había más o menos un centenar de ellos.
Los leones de Zambi los cazaron y los acorralaron en un determinado lugar.
Otros negros llegaron y formaron un gran círculo, con los leones y los hombres en el centro.
De repente, se abrió un pasadizo entre ellos y María de Nazareth se aproximó, con apariencia noble y sencilla, y les dijo:
Hijos amados, la Presencia de Dios se manifiesta en todo.
No dejéis que la fuerza del odio mantenga vuestra alma prisionera y subyugada por la fuerza del mal.
Dios y Su Amor se manifiesta en toda Su Obra. Dejaos guiar por Su Fuerza, intrínseca en nosotros, y liberaos de las formas inhumanas que habéis adoptado.
¡Sois hombres, almas humanas! "Los ciclos del reino animal quedaron atrás, en los siglos pasados".
¡Liberaos! ¡Es tiempo de progresar!
Soy vuestra Madre, vuestra Hermana en Cristo.
¡Somos hijos de Dios, Su Creación!
María de Nazareth
Entonces, aquella mujer con apariencia simple y e frágil se transformó en un intenso foco de luz que envolvió todo el lugar y a los seres.
Al final de la concentración:
Vi en lo alto del monte, cerca de la iglesia, un grupo de hombres-espíritus armados con palos, en actitud amenazante.
Parecía que iban a abalanzarse sobre los visitantes (espíritus) para provocar altercados y sembrar el caos.
Un grupo de Trabajadores de la Luz se puso delante de aquellos hombres armados, extendieron sus manos y dijeron: "!Paz!"
Los hombres armados pararon, y entonces vieron como otros espíritus llegaban. Eran sus parientes, amigos y seres queridos que venían a sacarles de aquella situación de odio, cultivado durante cientos de años.
Al final, vi que se aproxima a nosotros una mujer con cara de demente, con un muñeco de trapo en sus brazos; también se acercaban otros similares, presos al cuerpo; más o menos unos ocho muñecos.
Se arrodilló frente a Doña Margarida y dijo:
- ¡"Madre, mira lo que me han hecho! ¡Han matado a mis hijos"!
La mujer no era hija de Doña Margarida, pero se dirigía a ella como si lo fuese; y Dª. Margarida respondió:
- ¡"Hermana, no son tus hijos, mira"!
En ese instante los muñecos desaparecieron y aparecieron varios niños gritando: "!Mamá! ¡Mamá!" y la felicidad fue inmensa. Momento sublime en la vida de un pobre ser humano, incluso estando desencarnado.
GESH - 16/07/2011 - Vigilia en Araçatiba, Guarapari, ES - Brasil