Se agravan sobremanera las tensiones entre los pueblos, en regiones específicas del Planeta, mezclando intereses económicos y divergencias religiosas como causas de los conflictos, cuando en realidad, bajo el manto de intereses inconfesables de naciones poderosas, se esconden los motivos reales de fomentar la guerra fratricida en la que se enzarzan los hermanos.
En el rastro de una impunidad cierta, a los traficantes se les permite continuar con sus actividades ilícitas a cambio de soborno y corrupción, elevando al podio de adoración el dinero, mientras millones de jóvenes y niños inician una fuga desesperada de los problemas sociales en general, y familiares en particular, en el falso camino de las drogas, tras haber sido inducidos a probarlas en sus inocentes experimentaciones.
El sensacionalismo de la prensa mundana destaca preferentemente los acontecimientos infelices, reproduciendo los dramas humanos de manera fría y grotesca, rellenados de adjetivos picantes, donde la excusa de la información esconde un sadismo da satisfacción animalizada, despertando en las criaturas más débiles de espíritu la tendencia peligrosa hacia actitudes criminales, donde la frecuencia de pensamientos negativos abre las compuertas a la marginalidad y la delincuencia, a través de los ejemplos que están diariamente expuestos.
Nada parece contribuir a refrenar la violencia moral implantada en el Orbe, que, resentido de tantas agresiones físicas y mentales, ensaya las primeras respuestas a través de espasmos geológicos y transformaciones climáticas, cuya repercusión sólo conocen los estudiosos del esoterismo o las criaturas más sensibles, vinculadas a las huestes del Cordero.
En el auge de tanta turbulencia, no es de extrañas el extremismo adoptado por falsas ideologías, ni las posiciones radicales de otras corrientes, como una forma de contener la escalada de miseria mundial o proporcionar paz y libertad a los pueblos, mientras la desesperación aumenta la estadística de suicidios en todos los cuadrantes.
Ante tan triste escenario, nos queda el deber de orientar a la humanidad a través de las comunicaciones que nos posibilitan los intermediarios de la siembra espiritualista, sobre todo aquellos que tienen una mayor cuota de responsabilidad en lo que concierne a la divulgación de las verdades espirituales, respecto a la manera de vivir, de comportarse, en este tiempo grave que caracteriza el final de los ciclos planetarios, rogando a los que frecuentan los Templos, que no se permitan hacer el papel de meros conferenciantes, y sí el de agentes del Bien, al servicio del Amor al Prójimo, en pro de una casusa mayor que es la Fraternidad entre los hombres.
Que Jesús esté con vosotros.
André LuizGESJ - 15/11/1990 - Vitória, ES - Brasil