Llevamos mucho tiempo reuniendo aquí y allá a esta familia espiritual.
Lo creáis o no, habéis venido a cumplir colectivamente las promesas que hicisteis en el pasado. Promesas que muchas veces dejasteis relegadas al descrédito, menospreciadas; sin embargo, ha llegado la hora en la que ya no se puede huir de la realidad ni de los compromisos asumidos que os unen en el trabajo espiritual.
Satisfechos o no con vuestras condiciones existenciales, con el grupo familiar al que estáis ligados, dejad a un lado vuestras propuestas iniciales; erguíos ante vuestras consciencias y reconoceréis la verdad de nuestras palabras:
Vuestras vidas no os pertenecen, ni tampoco vuestras familias; lo que os une a ellas son las máculas del pasado. Es el lado obscuro del pasado de errores. Mientras, lo que os reúne aquí es la sed de luz y de vida que os aflige en el interior, deseoso por expandirse. Esto no podéis negarlo, y cuanto más os desarrolléis, más distanciados estaréis de las conexiones superficiales de la carne.
Es inútil no aceptar la realidad de los acontecimientos y de la propia evolución. Ya no es posible ignorar, parar y esperar. es preciso trabajar y transformarse mediante el ejemplo, a través de una voluntad firme, unida a la práctica del amor y la renuncia. Tomad para vosotros lo que llamáis hipocresía y reflexionad sobre el sentido de esta palabra.
¿Dónde se encuentra la fuerza de vuestro progreso?
Estáis todos acomodados en lo que podéis hacer, lo que podéis soportar, pero yo os digo que esa cómoda posición es suficiente para los que desean estacionar. Para aquellos que desean progresar verdaderamente en lo que se entiende como recurso evolutivo, es indispensable superar las propias capacidades.
Aquel cuyo deseo permanece vivo en la acción de progresar nunca está satisfecho, siempre desea más: Avanzar más; mejorar más; soportar más; esperar más; y renunciar más.
Y para realizar este deseo es necesario que trabajéis más vuestro espíritu, ejercitando, practicando y viviendo dentro de la LEY.
¡Despertad mis niños! Vosotros sois mi familia y no os dejaré jamás, hasta que no haya reunido a todos y cada uno, a su debido tiempo, para que sigan la LUZ con sus propias fuerzas. A los que ya están en el camino de hacerlo, llamad a aquellos que se resisten.
Sois copartícipes, ayudantes voluntarios en esta tarea.
El libre albedrío existe y vosotros ya habéis elegido; lo que hago es para que no olvidéis las promesas que hicisteis en el pasado.
Reflexionad en vuestra mente acerca de qué más podéis ofrecer, no a mí, sino a vuestro deseo de progreso: entrega, trabajo y trabajo.
¡Permaneced en Paz!
Vuestro Maestro,
Ramatis
GER - 13/09/1997 - Setiba, ES - Brasil
Nota: Este mensaje recibido el 09/97 complementa las palabras del Maestro Ramatis pronunciadas en la Isla de Pascua, que insertamos en la Divulgación 21.