¡Hermanos, que la paz de Jesús nos envuelva a todos!
Los cuidados dispensados en el ejercicio de las virtudes evangélicas desarrollan en nosotros la capacidad para convivir con aquellos que están cerca de nosotros.
Es la tolerancia ante el error ajeno;
Es la paciencia ante las prisas;
Es el perdón ante el desliz;
Es la humildad ante el orgullo;
Es el altruismo ante el egoísmo.
Desde hace milenios cultiváis vicios reprochables; no van a ser transformados en virtudes loables en un toque de magia.
Serán transformados mediante larga y demorada práctica de los ejercicios internos de autocontrol, desarrollo espiritual, estudio y práctica del bien. Como nos enseña el Evangelio codificado por el ilustre Kardec: para ser un buen espírita, "una virtud negativa no basta: se necesita una virtud activa."
Paz para todos.
Joana
GESH - 09/08/2008 - Vitória - ES - Brasil