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Pétalos de Luz! - 02

27/09/1999

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CAPITULO 1

 

Los Mantras

El sonido es la materia prima del Universo.

Dice el Evangelio de San Juan que: "En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Todo fue hecho por El y nada de lo que se ha hecho fue hecho sin El. En El estaba la Vida y la Vida era la Luz de los hombres".

Los mundos y seres que componen el Cosmos fueron constituídos por el sonido, por la palabra, que emanó como el primer hálito divino. Por el sonido, el "caos primitivo" se ordenó y se sistematizó en los mundos que conocemos.

El sonido en el mundo físico, despierta un sonido correspondiente en los reinos invisibles e incita a la acción, de una manera u otra, en el lado oculto de la naturaleza.

El sonido es el más eficaz y poderoso agente mágico y la primera de las llaves para abrir la puerta de comunicación entre mortales e inmortales.

Cada letra tiene su significado oculto y su razón de ser; produce efectos que serán motivo de nuevos efectos. Como regla general, todos los rituales religiosos son cantados; no hay grupo, por menos espiritualizado que sea, que no tenga sus himnos o cánticos.

Como música, el sonido es el vehículo ideal, tanto para la liberación como para la esclavitud de los hombres. Mantiene a los seres humanos, y dicho sea de paso también a los animales, en un estado emocional característico que los predispone a tomar actitudes, a veces las más disparatadas.

El sonido es una gran arma de hombres y Dioses. En sí no es bueno ni malo; su empleo adecuado o nefasto depende exclusivamente de la voluntad del hombre.

En este capítulo estudiaremos un poco sobre los sonidos que elevan al espíritu -los mantras, los sonidos mísiticos o sagrados.

El orígen de los mantras está en uno de los textos sagrados de la India (los Vedas), pero amplio y más antiguo de todos es el llamado Rig Veda, que es un libro de cantos métricos divididos en diez partes denominadas mandalas. Por esa razón, muchos traducen la palabra mantra del sánscrito como "himno" o "discurso cantado".

Otros autores lo consideran prácticamente equivalente a nuestra palabra "magia" o "encantamiento" una vez que, bajo el punto de vista esotérico, los mantras son ante todo invocaciones mágicas utilizadas para encantamientos, en lugar que oraciones religiosas.

Etimológicamente, en sánscrito, "man" significa mente y "tra" significa control, o sea, mantra también podría ser definido como una combinación de sonidos que nos da el control de la mente.

Mantras son piezas idiomáticas consagradas por el uso superior y su culto ha variado conforme a las diversas fraternidades iniciáticas, doctrinas espiritualistas y credos religiosos.

Puede construirse de una palabra, un verso, un aforismo o una fórmula espiritual; sus letras y sílabas son de articulación armoniosa y cuando son pronunciadas a un ritmo o sonoridad peculiares, y bajo fuerte concentración mental, despiertan en el organismo físico del hombre un energismo poco común que le proporciona cierto desprendimiento o euforia espiritual.

Todas esas combinaciones de sílabas o palabras, a través de su repetición rítmica y contínua mediante las cuales se originan vibraciones, producen determinados efectos ocultos.

Un mantra no debe, solamente, ser tocado o cantado; necesita ser acompañado por un pensamiento de acuerdo con la combinación de sonidos; necesita ser vivido.

Las palabras mántricas poseen poder de acción en el cuerpo etéreo y astral del hombre, pues aceleran, armonoizan y amplian las funciones de los chacras del duplo etérico. Tales palabras auxilian la mejor sintonización del pensamiento sobre el sistema neurocerebral y las demás manifestaciones de la vida física.

Hay en las palabras sublimes cierta musicalidad tierna y vigorosa que, accionada progresivamente, puede alcanzar la intimidad atómica de la materia y alterarle la cohesión íntima ocasionando modificaciones inesperadas.

No se construyen mantras, pues no despertarían efectos espirituales superiores en el alma humana. En verdad, son las propias palabras que se consagran en "mantras" , por su uso elevado, transformándose en verdaderas "llaves verbales" de acción espiritual poco común sobre los diversos vehículos ocultos y físicos de lo que se compone el hombre.

Esas palabras congregan las energías y las propias ideas de los que entonan los mantras, asociándolas con las fuerzas psíquicas benefactoras que después se convierten en rigurosos despertadores espirituales.

La palabra escrita o hablada expresa el lenguaje del hombre, de la tribu, del pueblo, de la nación o de la raza. En consecuencia, la palabra define el temperamento, el idealismo, la religiosidad, la conducta moral, el sentido artísitico, la cultura y la ciencia, y por tanto, el grado de espiritualidad o progreso espiriutal.

Por eso, las palabras mágicas o mantras revelan también, en su enunciación disciplinada y en su ritmo ascendente, el carácter, la fuerza, la sublimidad y la ternura espiritual de un pueblo. Todas las características de un pueblo también le crean un timbre o cuño esotérico firmado en el mundo oculto por su energía mental.

Por todas estas razones arriba descritas, los mantras revelan matices diferentes de un pueblo a otro.

Una simple palabra puede desencadenar, en el psiquismo humano, cuadros mórbidos de toda especie. Conforme asegura la medicina moderna, esa disposición mental produce las más variadas alteraciones físicas como modificaciones en las corrientes sanguínea y linfática y en los sistemas endócrino (glándulas) y nervioso.

Ante la palabra "guerra", por ejemplo, que podemos considerar un mantra negativo, el hombre desata en la mente una serie de imágenes y remembranzas mórbidas.

Todavía hace poco tiempo, la humanidad terrena comprobó el efecto aterrorizante de los mantras negativos o malévolos cuando el nazismo divulgó por toda Alemania fórmulas, distintivos, insignias y símbolos que, tanto por la imágen como verbalmente, intentaban despertar las emociones belicosas de los alemanes.

La cruz suástica, bajo la tonalidad excitante del rojo, funcionó como un poderoso dinamizador; los uniformes negros de los S.S. evocaban en el subconsciente de las criaturas a las propias fuerzas tenebrosas que alimentan y componen la influencia infernal del mundo diabólico.

Todo eso estimuló el temperamento guerrero y destructivo del pueblo alemán, despertando resentimientos y humillaciones sufridas en tiempos pasados y ansiosos de vengarse contra las demás naciones.

Los pueblos vencidos pagaron durante la rebeldía mórbida de los nazistas; Hitler, mediumnizado por los "mentores de las sombras", usó y abusó de la fuerza de la palabra en el evento nazista, practicando el "hechizo verbal" más chocante y pernicioso en la historia del mundo.

Cuanto más pronunciamos determinada palabra y pensamos en ella, tanto más energética, cohesa y nítida es su representación idiomática y vibración psicofísica.

Palabras como Amor, Paz, Perdón, Esperanza, Bondad, aunque sean vocablos comunes y de uso en el mundo profano, ya poseen sentido para servir como verdaderos mantras, desde que sean pronunciadas dentro del ritmo sonoro y de la disciplina que le es propia. Son de vibración sublime y acumulan fuerzas creadoras por la expresión de la idea superior que las mismas traducen.

La palabra "Buda" es un poderoso mantra de evocación esotérica y el nombre "Crisma" significa lo mismo en la India.

El vocablo "Cristo" representa la más alta expresión mántrica para que el hombre occidental despierte su espíritu a las virtudes del Amor, de la Renuncia, Bondad y Pureza.

Los iniciados que saben dar uso a la vibración sonora sideral del vocablo "Cristo", se llenan de esperanza y júbilo y son inmunes a las vicisitudes y crueldades del mundo. Los cristianos, al morir en los circo romanos, entonaban el cántico "Ave Cristo"; muchos de ellos desencarnaban completamente anestesiados, sólo bajo el efecto sonoro vibratorio de esa palabra sublime.

Como dice nuestro mentor Ramatís: "Y todavía hay hombres que hablan del 'Cristo' con la misma displiscencia con que mencionan la marca del cigarro preferido".




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