¡Hermanos, paz en Jesús!
La mediunidad es una facultad bendita concedida por el Creador para que se reequilibren las almas desajustadas con las Leyes Morales.
Es un instrumento para pulir a los espíritus rebeldes, en cuyas encarnaciones pasadas no fueron capaces de domar los instintos inferiores.
También es un vehículo que disciplina, pues la mediunidad doma el espíritu rebelde mediante el ejercicio de la disciplina, la obediencia y la atención al dolor ajeno. Obliga al médium a entregarse al prójimo sin exigencias de reconocimiento, tan comunes en las almas mezquinas.
Entregarse a la mediunidad en cuerpo y alma, dedicándole los años de vida, es pulir el diamante bruto y opaco del espíritu hasta que alcance la condición de brillante bello y refulgente de luz, duro e inquebrantable en su condición definitiva de piedra preciosa.
Entre la piedra bruta y el brillo de la piedra pulida, hay que abrazar la tarea mediúnica con la resignación de los espíritus esclarecidos y trabajar sin pretensiones en la siembra del Maestro Jesús. Médiuns, trabajad con amor y veréis como la transformación se procesa en vosotros.
Antes el trabajo con amor que el cincel del dolor.
Chico
P - ¿Puedo preguntar algo, Hermano?
Chico - Bien sabéis que lo programado era una psicofonía, pero es posible preguntar, sigamos con la comunicación mental mientras nos quede el tiempo permitido.
P - ¿Hermano, te refieres a nuestro viaje a Fernando de Noronha, el papel de los médiums en el auxilio a los hermanos carentes que vagan perdidos por el plano espiritual, verdad?
Chico - El egoísmo humano, llegando al extremo, impide que incluso los espíritus dedicados a las doctrinas de la luz vean la enorme carencia en la que se encuentran aquellos que ya no viven entre los vivos, en la materia.
Creen que son los muertos los que deben cuidar de los muertos. Lo que no es del todo equivocado, y sería algo habitual llevar a cabo ese acto de caridad, si no fuese tan extrema la condición densa con la que parten de la vida física, sin ninguna preparación para el mundo de los muertos.
Llegan hasta nosotros tan materializados que la mayoría ni siquiera consigue escuchar nuestras palabras; por ese motivo, necesitamos vuestra asistencia fraterna y amistosa, para prestar vuestro cuerpo y que puedan recibir las noticias del más allá por parte de los adoctrinadores; noticias que alegremente les daríamos si nos pudieran oír. Así como las palabras, también su textura espiritual sufriría un fuerte choque al recibir la carga de fuerzas que podríamos ofrecerles.
En esos casos, el cuerpo del médium encarnado e inmerso en la cortina protectora del ambiente de trabajo, amortigua el impacto y así podemos ofrecerles todo lo que necesitan para reequilibrarles cuando llegan al más allá.
Pero es cierto que el libre albedrío faculta a los médiums el derecho a actuar u omitir su ayuda a los hermanos carentes. Apenas deben recordar que a los que mucho se les ha dado, también mucho les será exigido. La Doctrina de los Espíritus no fue ofrecida a la humanidad como un conocimiento inocuo, sin aplicación práctica.
Al contrario, es la base sólida sobre la cual rever los procedimientos, realizar la renovación de las actitudes, añadiendo aquellas cuya intención sea la de aliviar el dolor del prójimo, auxiliar siempre y socorrer a los sufridores.
Espíritas, instruíos.
Médiums, trabajad en la Siembra.
Dirigentes, orientad acertadamente a vuestros trabajadores, pues sobre vosotros también recaerá la responsabilidad por las negligencias perpetradas en estos tiempos.
Hermanos, amémonos, como Jesús nos enseñó.
Paz siempre.
Chico
GESH - 13/11/2009 - Vitória, ES - Brasil